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Porsche - Nuestra potencia interior

Nuestra potencia interior

El alpinista Thomas Bubendorfer enseña a aplicar en el trabajo diario la filosofía de «Porsche Intelligent Performance». Él lo llama «el manejo inteligente de las circunstancias».

Todas las excursiones de Thomas Bubendorfer, las haga solo o acompañado, terminan siendo un viaje introspectivo. Pero para ello hay que subir hasta aquí, a esta montaña frente a la Costa Azul, cerca del Cabo Ferrat. Vamos tras los pasos del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien recorrió este mismo camino hasta la localidad de Èze para escribir allí «Así habló Zaratustra», su «libro para todos y para nadie». Avanzamos por un terreno empinado y pedregoso que parece hecho para el Macan. Pero el coche lo hemos dejado aparcado abajo, en Montecarlo; allí puede lucirse. Aquí arriba, en la montaña, donde los pinos crecen en la misma roca, siempre hay que vigilar dónde se pone el pie. Para un alpinista como Bubendorfer, el escalador más joven de su modalidad en ascender en solitario las grandes paredes de los Alpes, esta caminata no es más que un mero calentamiento. Ya pasa de los 52, pero se le ve en forma. En todos los aspectos. Y, sin embargo, no se toma el camino a la ligera. Al contrario, pues de lo que se trata es de avanzar. La velocidad y el grado de dificultad son factores secundarios. Es decir, en palabras de Nietzsche: «Sigue tu camino». De repente, justo antes de un recodo del camino, nuestro guía se detiene, se gira hacia nosotros y pronuncia estas palabras de aliento: «Cada uno tiene que encontrar su propio ritmo». Y, entonces, nos habla de directivos que, de pronto, aquí sentados, vuelven a experimentar algo que tenían tiempo olvidado: «La sensación de saber qué es lo que les sienta bien».

Una de las especialidades del austriaco es escalar cascadas congeladas, como aquí en el municipio italiano de Cogne, en el Valle de Aosta
Seguir el ritmo a un deportista extremo cuesta lo suyo, tanto a nivel físico como psíquico

Thomas Bubendorfer es una especie de ingeniero de las emociones. No por casualidad tiene un Porsche desde hace tiempo. Tampoco es casual que dé charlas en el Museo Porsche y ante ejecutivos de la empresa alemana. Y es que de las cimas del mundo se ha traído mucho más que fotografías espectaculares: todas las experiencias, estrategias y lecciones aprendidas las expone en un programa que ha bautizado como «Intelligent Peak Performer» («Peak» por «cima» en inglés). Esa tesis, que se basa en desarrollar con inteligencia el potencial de rendimiento, al tiempo que se dosifican los recursos internos, y que él aplica a las personas, guarda paralelismos muy interesantes con la estrategia de eficiencia y rendimiento del fabricante de deportivos alemán, la llamada «Porsche Intelligent Performance». En el caso de Porsche, se trata de una filosofía equilibrada que, combinando planteamientos inteligentes, aúna dinámica y eficiencia, rendimiento y seguridad, deportividad y uso diario de forma sostenible. Bubendorfer resume así la interconexión: «Porsche se encarga de la parte externa del conductor; yo, de su interior».

Quien piense que ahora lo que viene es una amable conversación entre enamorados de los deportivos se sentirá ahora decepcionado. O más bien sorprendido: «Muchas personas conocen mejor su coche que su propio cuerpo». Sabemos que lo dice para provocar. Pero deliberadamente. Bubendorfer sabe bien lo que es una situación extrema no sólo por sus ascensiones. También conoce las exigencias y los retos, a menudo no menos difíciles, a los que se enfrenta un trabajador en el actual mundo laboral. Igual que Porsche aplica a los vehículos de carretera los conocimientos sobre rendimiento aprendidos en las carreras, Bubendorfer aplica a la vida las lecciones aprendidas en las montañas. Fuerza tenemos de sobra, asegura, sólo hay que rescatarla en el momento preciso y saber utilizarla. El potencial liberado hace aumentar de forma automática la calidad de vida. Asumir responsabilidades consigue incrementar la confianza en uno mismo. En muchos casos, sólo es cuestión de encontrar el equilibrio, asegura mientras continúa ascendiendo. Es lo que él llama «el manejo inteligente de las circunstancias».

El filósofo alemán también encontró el camino de la introspección en los Alpes marítimos y lo plasmó en su obra «Zaratustra»

Y él, una persona cuya suerte y cuya vida han pendido a menudo de dos o tres dedos, también sabe de dudas y desesperación, aunque adora la enorme libertad que proporciona el estar solo. Según sus teorías, estar preparado para tomar las decisiones correctas para uno mismo tiene mucho que ver con la voluntad. Con la potencia interior. La potencia inteligente, se entiende. Aunar filosofía y deporte, algo que ya ha hecho también en muchos libros, es algo que tuvo su germen hace varias décadas. A los 15 años, el joven Thomas hacía 300 flexiones al día y podía correr 40 kilómetros. A menudo, su abuelo le esperaba en la puerta y le preguntaba si, además de deporte, también había hecho algo para la mente. Cuando le respondía que todas las mañanas iba al instituto, su abuelo le replicaba que, dado que hacía más deporte que sus compañeros de clase, tenía que ejercitar más la mente. Y así fue como decidió empezar a leer cien páginas al día. Entre otras razones, para poder responder a su abuelo.

Thomas Bubendorfer es consciente de que, a menudo, lo primero que hay que hacer es despertar la conciencia sobre cuál es el nivel de rendimiento que se quiere lograr. Su misión consiste en poner al cuerpo tan en forma como un deportivo, es decir, reducir el consumo a la vez que se incrementa el rendimiento. A muchos, eso de «equilibrio entre la vida personal y profesional» les parecerá la típica palabra de moda. Por eso, se anticipa y puntualiza: «No soy ningún gurú». Y tampoco está libre de errores, asegura: «Casi todos tenemos puntos débiles, y hay que saber gestionarlos con inteligencia. Uno no se puede obsesionar con lograr la perfección absoluta». Y esto, por cierto, es lo que distingue al hombre de la máquina. Por lo general, lo importante es el ascenso, el camino, y no el breve y efímero instante de felicidad que se siente en la cima: «El camino es largo y cuanto más inteligentemente lo manejemos, más tiempo lo tendremos bajo control». En este caso sí que constancia y estabilidad son valores equiparables con el automovilismo.

Thomas Bubendorfer aquí al volante del Macan – valora la capacidad de rendimiento y la eficiencia de Porsche

Quiere mostrar a la gente el camino (no sólo aquí, donde Nietzsche emprendió el suyo) y lo hace con la mano abierta, un gesto que le pega mucho más que el dedo amonestador. Thomas Bubendorfer, una persona alegre por naturaleza, se pone serio al asegurar que cada vez tiene que advertir a más personas de lo importante que es el descanso y la regeneración. Esta es una parte fundamental de su teoría del «Peak Performance». A muchos el tema les abruma sobremanera, asegura, pero aún así no pueden controlarlo porque en el día a día están obligados a rendir más y más, siempre más… El hombre y su eterna carrera de 24 horas.

Pero en la actualidad, en el día a día ya no se trata sólo de ganar. «Un rendimiento inteligente es otra cosa. Está claro que los números tienen que cuadrar, tanto en el deporte como en la economía», dice, «pero a diferencia de antaño, el principio olímpico del ‹citius, altius, fortius› ya no es lo importante. Ahora lo que cuenta es rendir de forma sostenible respetando al hombre y el medio en el que habita y, con ello, actuar pensando en el mañana, más allá de hoy». En otras palabras: los automóviles deportivos son un ejemplo de aquello a lo que aspira el ser humano. Así que, por continuar con la misma imagen, ahora lo que deberíamos hacer es ir tirando hacia el garaje. Y es que una de las teorías con las que Bubendorfer sorprende una y otra vez es también la importancia del descanso para poder rendir. «Cuando uno está muy estresado y encima no duerme bien, subirse a la bicicleta durante horas o salir a correr como un loco no le servirá de nada». Cuando habla de ello, sobre todo de estar descansado, hace hincapié en eso de que el sueño profundo tiene que producirse antes de empezar a moverse: «Baja las revoluciones y así podrás volverlas a subir cuando las necesites».

Para Bubendorfer, más rendimiento significa exprimir todo el potencial existente, lo que para sus clientes se traduce, fundamentalmente, en más eficiencia y capacidad de desarrollarse. Suena obvio y casi hasta demasiado fácil de hacer. Pero Thomas Bubendorfer, que con 21 años dio su primera charla ante directivos, piensa también en los escépticos. Por ello, en sus seminarios no sólo hay palabras bonitas, sino también datos puros y duros. Así, es obligatorio realizarse el test del lactato, el mismo que se hacen los deportistas de élite. Midiendo la sal del ácido láctico se puede determinar la frecuencia cardiaca ideal para la zona de rendimiento pertinente. Asimismo, también hay un test que permite saber si se está al borde del ‹burnout› midiendo la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Se considera correcta la distancia entre las pulsaciones cuando ésta es más irregular, algo que sólo parece paradójico en un primer momento. Con todos estos datos se elaboran tablas científicas que se pueden leer como un balance. En este caso, el de la propia vida.

«Sólo se pueden tomar las decisiones correctas si se tienen los conocimientos adecuados», afirma Thomas Bubendorfer. Un rendimiento inteligente es una especie de manual de instrucciones para el propio cuerpo. Sólo que el librillo no lo encontraremos dentro de la guantera, sino en nuestro interior.


Una carrera de vértigo

Thomas Bubendorfer ha sentido «la Plamada» de las montañas desde siempre.

Contaba sólo 16 años y ya hizo historia al convertirse en la persona más joven en escalar en solitario algunas de las paredes de montañas más empinadas. Después vendrían más de cien ascensiones en solitario en los Alpes austriacos. A los 18 conquistó una de las paredes más difíciles de los Alpes, la cara noroeste del monte Civetta (en los Dolomitas), de 900 metros de altura. Fue la segunda persona que lo hacía en solitario. Tardó sólo cuatro horas. El primero había sido el célebre alpinista italiano Reinhold Messner, que lo había logrado en siete horas.

A los 21, escaló, fiel a su estilo (sin cuerda y en solitario), las paredes más altas, difíciles y peligrosas de los Alpes: las caras norte del Cervino, el Eiger y las Grandes Jorasses (en la zona del Mont Blanc). Algunas de ellas, además, tardó en escalarlas la mitad que sus predecesores con cuerda. Después vinieron muchas más conquistas espectaculares en solitario, como la cara sur del Aconcsagua, el famoso pico andino de 3.000 metros de altura. Fue la primera persona en lograrlo en el plazo de un solo día y sin cuerda. Sólo se ha caído una vez. Fue en 1988 durante la grabación de un anuncio publicitario. Una caída de 20 metros que se saldó con nueve vértebras rotas y un tobillo destrozado.

A pesar de quedar con un 35% de invalidez, sus más grandes hazañas las ha realizado después del accidente. En los últimos doce años se ha especializado en la escalada de cascadas congeladas, primeras ascensiones en el Himalaya y escaladas extremas en invierno. Así, en el nuevo milenio ha conseguido más de 30 primeras ascensiones extremadamente difíciles en los Alpes y el Tíbet con distintos socios. En total, escala unos 120 días al año.

www.bubendorfer.com

Texto Elmar Brümmer
Fotografía Günther Göberl, Lorenzo Belfrond for GRIVEL, Steffen Jahn