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El segundo de la verdad

Martin Schoeller es uno de los retratistas contemporáneos más famosos. Su pasión: los rostros. Su estilo: los primeros planos. Sus motivos: entre Barack Obama y los indígenas de la selva del Amazonas. En el circuito de Nürburgring ha fotografiado a los pilotos de LMP1 de Porsche – inmediatamente después de su llegada a boxes, cuando sus rostros lo dicen todo.

¿Puede un retrato captar la esencia de una persona, quizás incluso la esencia de su alma? «No», afirma Martin Schoeller, de 48 años. «Todos los retratos mienten de uno u otro modo. Una fotografía representa solo la fracción de un segundo que el fotógrafo ha escogido libremente. Se trata de una persona que en realidad no conoce a la otra persona. Por lo general, un retrato no tiene mucho en común con la persona que está mostrando». Pero los retratos de Schoeller son claramente distintos. ¿Cómo lo consigue? ¿Qué le mueve? «Estoy siempre buscando el segundo de la verdad. El rostro auténtico. En mis fotografías no quiero que las personas salgan necesariamente favorecidas, sino crear imágenes objetivas de ellas, o por lo menos algunas imágenes que mientan menos que otras. Por ello mi trabajo se centra en encontrar el momento en que las personas están totalmente atentas, dispuestas a desvelar intimidades. En este aspecto me considero también un cronista».

El «brutal desenmascarador», como denomina la revista alemana Geo a Schoeller, no toma fotografías. Más bien observa con lupa a sus modelos. Lee en sus rostros y crea así ornamentos fotográficos. Sus sesiones de fotos suelen estar precedidas por intensas investigaciones. Estudia a los protagonistas, los observa en películas y en programas televisivos, lee sus entrevistas. Con la esperanza de que su fantasía levante el vuelo, que se le ocurra un buen motivo y que durante la sesión fotográfica no se le acaben los temas de conversación. «Cuando un fotógrafo para de hablar, está perdido», de esto está seguro.

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1. Mark Webber, AUS, nacido en 1976 en Queanbeyan, 1,83 m, 76 kg, le gusta volar en helicóptero.
www.markwebber.com
2. Brendon Hartley, NZL, nacido en 1989 en Palmerston North, 1,84 m, 67 kg, le gusta observar pájaros y tocar la guitarra.
www.brendonhartley.co.nz
3. Timo Bernhard, GER, nacido en 1981 en Homburg, 1,74 m, 60 kg, le gusta escuchar música mientras corre.
www.timo-bernhard.de

Los motivos de Schoeller consiguen un gran impacto mediático

A menudo disfruta y se admira de todo lo que las estrellas y los poderosos son capaces de hacer frente a la cámara: Bill Clinton jugó a golf en la antesala de la Sala Oval, Quentin Tarantino dejó que le pusieran una camisa de fuerza y el cómico Steve Carell que le envolvieran la cara con cinta adhesiva. Schoeller tiene siempre en mente cuatro o cinco motivos – y comienza siempre con el más inofensivo. Ese es su truco. Cuando la atmósfera en el set se relaja y se establece la confianza, empieza con las ideas más atrevidas. Y muchos protagonistas le siguen el juego. Porque saben la fuerza mediática que una fotografía espectacular de Schoeller puede desatar.

Sin embargo, algunos sienten recelo por la cercanía y la intensidad que reproduce este artista fotográfico: la cantante Mariah Carey y el actor Tom Cruise, por ejemplo, le rechazaron como fotógrafo. En cambio, el ex James Bond Pierce Brosnan le llamó y le pidió que le fotografiara. Schoeller tiene a menudo el problema de que sus personajes pierden tantas horas con los maquilladores que solo quedan unos pocos minutos para la sesión fotográfica. Le ocurrió con Lady Gaga. Y con Uma Thurman. No resultaron sus mejores fotografías. O a veces no consigue que sus modelos dejen de posar: «George Clooney es uno de ellos. Siempre es amable, divertido, hace todo lo que le digo, pero todavía no he logrado captarle en un segundo que rezume verdad. Porque no puede dejar de posar». En una sesión fotográfica con Clooney, Schoeller consiguió sorprender al niño bonito de Hollywood. Tomó uno de sus anteriores retratos de Clooney, lo cortó por la parte comprendida entre la nariz y la frente, lo pegó con una cinta elástica y se lo puso en la cara al actor como una máscara. Clooney encontró divertido que le fotografiara de esta forma. La fotografía dio la vuelta al mundo. En su miniestudio sorprendentemente simple con las cortinas negras no solo han posado varias estrellas de Hollywood, sino también Taylor Swift, Justin Timberlake e Iggy Pop. O políticos como Barack Obama, Hillary Clinton y Angela Merkel. Schoeller sabe lo que el poder hace con la mímica.

Incluso deportistas de elite como Pelé, Franz Beckenbauer, el velocista Usain Bolt y la estrella del fútbol Lionel Messi conocen la sensación de tener la cámara de Schoeller a solo un par de palmos de la cara. Pero Schoeller aún no había fotografiado nunca a deportistas durante o inmediatamente después de una competición. Cuando la tensión o el alivio, la alegría o la frustración están grabados en sus rostros. Está seguro de que la adrenalina afina la expresión facial.

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4. Marc Lieb, GER, nacido en 1980 en Stuttgart, 1,82 m, 74 kg, le gusta correr y jugar a fútbol.
www.marc-lieb.de
5. Romain Dumas, FRA, nacido en 1977 en Alès, 1,74 m, 62 kg, le gusta el jet ski y correr.
www.romaindumas.com
6. Neel Jani, SUI, nacido en 1983 en Rorschach, 1,72 m, 62 kg, le gusta jugar a tenis y el esquí de fondo.
www.neel-jani.com

La mirada detrás de la cámara

Schoeller, que nació en Múnich y creció en Frankfurt, vive en Nueva York desde hace casi 25 años. Estudió fotografía en la academia de arte Lette en Berlín. Durante cuatro años trabajó en Nueva York como asistente de Annie Leibovitz, la fotógrafa artística quizás más famosa de nuestra época. Y durante 12 años estuvo contratado por el New Yorker. Schoeller sigue colaborando con esta gaceta, y regularmente lo hace para Time, National Geographic, Rolling Stone, GQ o Forbes. Para su estilo característico, los primeros planos, Schoeller emplea una luz de neón suave. De aquí surgen los característicos ojos de gato. La perspectiva es siempre la misma, un poco desde abajo. Así se ha convertido en uno de los retratistas más famosos de nuestro tiempo.

Este año Schoeller visitó las 24 Horas de Le Mans. Acudía por primera vez a un circuito de carreras. «Quería sentir, entender y experimentar lo que ocurre allí. El agotamiento de los pilotos después de su actuación. La decepción tras la derrota. La euforia cuando ganan». ¿Qué aspecto tiene el piloto de carreras cuando se quita el casco a la llegada? ¿Qué revelan sus ojos? ¿Qué efecto tienen la tensión, el estrés o la concentración en sus 43 músculos faciales? ¿Cómo se transforma el color de su piel? La cabina del Porsche 919 Hybrid, que tiene una potencia superior a los 900 CV, está sometida a fuerzas de aceleración extremas y temperaturas muy elevadas. Al volante de sus bólidos los pilotos pierden cerca de dos litros de líquido – por hora. Allí, en el legendario Circuit de la Sarthe, donde el 19 de junio de este año Porsche celebró frente a 250.000 espectadores la 18ª victoria absoluta de su historia en Le Mans, surgió la idea concreta del proyecto: retratar a seis pilotos oficiales de fábrica de LMP1 en la siguiente prueba del Campeonato Mundial de Resistencia en el circuito de Nürburgring. Con cada relevo de pilotos: cuando el sudor corre, el corazón bombea, la adrenalina fluye y los rostros hablan por sí solos.

Los seis pilotos de carreras de Porsche y el famoso fotógrafo tienen ese día varias cosas en común: la precisión, la profesionalidad, la velocidad. Y la lucha por los segundos, que en el caso de los pilotos deciden el resultado – y en el del fotógrafo la instantánea. Para el equipo 1 toma la salida frente a casi 60.000 espectadores Timo Bernhard, para el equipo 2 Neel Jani estrena la carrera de seis horas en el bólido vencedor en Le Mans. Tras el cambio de conductor, los pilotos se pesan, y pocos metros más allá se presentan en el box convertido en estudio de Schoeller, instalado directamente frente al camión de carreras de Porsche. Las fotografías se realizan siempre siguiendo el mismo esquema: el piloto se quita el casco y el pasamontañas. Mira directamente a la cámara. Nadie le seca el sudor. Ni le pone bien el cabello. Mark Webber se enfrenta a la cámara con una mirada seria. «Vuelvo de pilotar allí afuera como en una montaña rusa durante una hora – y de repente aquí el mundo está completamente en silencio. Nunca había experimentado algo así con esta intensidad», dice. Brendon Hartley, con el rostro enrojecido y el pelo despeinado, siente más o menos lo mismo: «Un frenazo en seco, de 250 a cero. Más desaceleración, imposible». El vencedor de Le Mans Marc Lieb se acaricia la ceja izquierda con el dedo, parece pensativo: «El resultado no es tan bueno como en Francia. Es una carrera confusa». Al final ganará el equipo 1 (Webber, Bernhard, Hartley), mientras que el equipo 2 (Jani, Lieb, Dumas) queda en cuarta posición.

Los pilotos están totalmente bajo tensión, y realmente revelan algo íntimo a la cámara. «Las miradas de los pilotos cuestionan, son curiosas, decididas, reflejan la intensidad de la carrera. Se reconoce cómo le ha ido la carrera a cada uno de ellos», resume el fotógrafo, que entre sesión y sesión sigue la competición frente al monitor del camión. «Uno de los pilotos está irritado porque una colisión le ha costado una penalización de tiempo, otro acaba de superar con éxito una maniobra de adelantamiento, ha recuperado cuatro segundos e interiormente da gritos de júbilo. Y pocos minutos después del cambio de conductor, en que ha cedido el volante a Timo Bernhard, el rostro agotado de Webber deja intuir la sonrisa del ganador». Desde el circuito llegan los rugidos de los motores. Los cazadores de autógrafos esperan a sus ídolos frente a los boxes. Timo Bernhard, agotado después de su segunda ronda de carrera y sesión fotográfica apela a Schoeller: «Esta es la última, ¿eh? ¡Prométemelo!». Schoeller, sonriendo, le estrecha la mano y le da una palmada en el hombro con la izquierda: «Sí, ya está. Y ha salido bien. Muy bien».

Texto Jörg Heuer
Fotografía Martin Schoeller