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Porsche - La evolución se encuentra con la revolución.

La evolución se encuentra con la revolución.

La movilidad eléctrica cambia el rostro de Porsche desde la base. La octava generación del 911, por otro lado, sigue siendo la expresión de la cultura purista de los automóviles deportivos. ¿Cómo consigue una marca mantenerse fiel a sí misma al tiempo que se reinventa constantemente?

por Harald Willenbrock

Porsche - La evolución se encuentra con la revolución.
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Es un día cálido, hacia la una de la tarde, en una nave discreta de un parque empresarial a las afueras de Stuttgart. Las ventanas del edificio están cuidadosamente cerradas y tapadas para evitar miradas indiscretas, nadie debe mirar ni acceder sin autorización, nada debe filtrarse al exterior. Dentro hay un desconcertante modelo de prueba del Taycan camuflado. En 70 años de historia del automóvil deportivo, es el primer Porsche de Zuffenhausen accionado únicamente con batería. En este momento solo se conocen los contornos generales, las publicaciones especializadas compiten entre sí con imágenes fantasma más o menos futuristas, pero está claro: el Taycan introduce una dimensión totalmente nueva de la marca, que tradicionalmente extraía su fuerza de potentes motores de combustión. Un salto cuántico. Y, como cualquier cambio radical, no exento de riesgo.

Justo al lado, en la oscuridad, está aparcado el nuevo Porsche 911, ese clásico que, desde su lanzamiento en 1963, está grabado a fuego en la conciencia colectiva como núcleo, como sinónimo, como el corazón de la marca Porsche. Un mito fabricado más de un millón de veces, un fenómeno de la historia temporal, tecnológica y del diseño, un automóvil que siempre es nuevo y, sin embargo, tan provocativamente poco diferente.

Dos mundos que chocan y, sin embargo, tienen un mismo origen. Y un objetivo común: definir de un modo nuevo qué es Porsche. Qué representa la marca. Y qué relacionan con ella los dos hombres que ahora andan por aquí comentando los automóviles.

August Achleitner, de 63 años, delgado, de aspecto casi juvenil, es algo así como el jefe del 911. Este ingeniero de automoción dirige la serie desde hace 18 años, la octava generación del 911 será la última para él. Siempre ha preservado esta herencia, haciéndola evolucionar en consonancia con los valores de Porsche, basados en la tradición y la evolución: transformación, sí; cambio radical, no. Ha dado forma al 911 como ningún otro, aunque no le gusta admitirlo. Cuando se le pregunta por su función, las respuestas rápidamente se centran en «el equipo» o «mi gente».

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«El desarrollo del 911 es siempre una evolución, nunca una revolución. Hemos creado cada generación de tal manera que no invalide a sus predecesores. Eso explica por qué los Porsche son tan atemporales».

August Achleitner

Stefan Weckbach, por lo menos 20 años más joven que su homólogo, desempeña una de las tareas más exigentes que Porsche puede encomendar actualmente. Anteriormente, este licenciado en administración de empresas fue gerente de producción para el Boxster, ahora, con este mismo cargo, es el hombre detrás del Taycan, un concepto de vehículo revolucionario con una fábrica completamente nueva en la sede de Zuffenhausen. Aquí se ha empleado a 1.500 trabajadores adicionales y, como consecuencia de la ofensiva en movilidad eléctrica, se han invertido alrededor de 6.000 millones de euros. Un pacto de futuro entre la fuerza laboral y la dirección hace posible este esfuerzo. Juntos lanzan un mensaje claro: Este Porsche radicalmente nuevo, con fecha de lanzamiento a finales de 2019, se creará en el lugar de nacimiento de la marca. Así, al tiempo que marca el camino hacia el futuro, retorna a sus raíces.

Weckbachs Mission: demostrar que el esfuerzo vale la pena. Que la marca puede renovarse y mantenerse fiel a sí misma a la vez. «Al ser el primer Porsche completamente eléctrico, el Taycan tiene que demostrar que es miembro de pleno derecho de la marca Porsche», dice. «Por supuesto, esto supone un gran desafío, y una gran expectativa, tanto interna como externa».

Las expectativas son tan altas porque se espera que el Taycan sea ni más ni menos que el pionero de toda una serie de modelos Porsche, que llegarán al mercado parcial o totalmente en los próximos años. Ya en 2025, es decir, prácticamente pasado mañana, según los planes de Porsche, más del 50 por ciento de los vehículos nuevos vendidos estarán propulsados por un motor eléctrico. Que esto sea realmente así, dependerá en gran medida de cómo se comporten en la carretera y en el mercado el Taycan y, poco después, su derivado, el Cross Turismo, una variante orientada al estilo de vida y más versátil.

Así que la marca tiene que mutar y mantenerse fiel a sí misma al mismo tiempo. Debe entusiasmar a sus fans y al mismo tiempo ganar nuevos clientes que quizás ni siquiera sospechen que el día de mañana se decidirán por Porsche. Tiene que hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro. Técnicamente hablando, debe mantener la trayectoria y al mismo tiempo salirse del carril, y esto durante todo el trayecto.

¿Cómo puede llevarse a cabo tal maniobra sin verse desgarrado por las fuerzas centrífugas?

Para August Achleitner, una parte esencial de la respuesta se encuentra en el nuevo 911. Con Weckbach, analiza las muchas innovaciones, grandes y pequeñas, que han incorporado al último 911, al tiempo que se lo protegía del deseo de introducir grandes cambios. «Tampoco este 911 se atreve a cuestionar su propia imagen de leyenda», es el veredicto de un periodista independiente especializado en el mundo del motor. «La llamativa voz áspera del bóxer de 6 cilindros y 3,0 litros con respiración artificial no consigue acallarla ninguna ley de reducción del ruido del mundo, la característica vibración en vacío se ha conservado a lo largo de las décadas, así como el alboroto a regímenes elevados. La combinación del programa de conducción Sport Plus y el sistema de escape deportivo hace que, en túneles en mal estado, en marchas cortas, se desprenda la suciedad del techo».

En otras palabras: El nuevo 911 sigue siendo, a pesar de todas las innovaciones, el de siempre. Todo sigue siendo nuevo. ¿Es gracias a ello el mejor 911 de todos los tiempos? «Por supuesto» responde Achleitner sin dudar. «Lo es, como cada nueva generación ha sido hasta ahora la mejor. Pero tenemos muchos ingenieros creativos, diseñadores y otras personas inteligentes a bordo que seguramente volverán a tener ideas una vez más sobre lo que podría mejorarse aún más en la próxima generación».

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Sin embargo, lo más significativo es cuáles de sus innumerables ideas no implementaron Achleitner y su equipo en el curso de la revisión del modelo, y además sin rondas de investigación de mercado o clínicas de producto, sino confiando únicamente en su instinto.

«A veces, con nuestros asesores externos, tenemos que tener cuidado de no perder nuestro ADN», dice Achleitner. «No veo ningún peligro en ello». Porque el fondo genético de la marca reside en las personas que planifican, piensan, construyen y viven Porsche. Y como todo material genético, los rasgos característicos se transforman un poco más con cada etapa evolutiva. Y se mantienen fieles a sí mismos al tiempo que cambian constantemente.

Para algunos, esta transformación recuerda a un efecto casi mágico. Wolfgang Porsche, por ejemplo, habla de la «magia de Porsche», que debe ser preservada. El nieto de Ferdinand Porsche y presidente del Consejo de Supervisión de Porsche AG recuerda que hoy en día, ni una sola pieza del 911 es idéntica a su homólogo de la década de 1960, y sin embargo, la esencia del ícono del automóvil deportivo ha permanecido invariable durante más de 50 años. «No son los detalles técnicos los que conforman la identidad de un 911», explica. «Lo fundamental es que algo siga siendo auténtico en su esencia. Y no conozco ningún automóvil que, a pesar de todos los cambios en la tecnología y el espíritu de la época, se haya mantenido tan inalterado en su esencia como el 911».

La elasticidad y robustez simultáneas de la filosofía de la marca Porsche se puso de manifiesto en los momentos en que el 911 experimentó innovaciones de gran alcance. El cambio del enfriamiento por aire al enfriamiento por agua, por ejemplo, o la decisión de usar el turbo seguro que provocaron taquicardias a los fans más incondicionales. Al menos en un primer momento. Pues con la misma fiabilidad el modelo revisado hizo palidecer las cifras de ventas de sus predecesores, y así disipó las preocupaciones de aquellos que veían al clásico desviarse del buen camino.

«Nuestra gente vive y ama Porsche», dice Achleitner. «Para ellos su trabajo no es solo un empleo. En realidad, son ellos quienes ponen más cuidado en preservar los genes Porsche».

Otro caso, efecto similar: las nuevas series introducidas, Cayenne, Panamera o Macan, aseguraron a su vez una mayor aceptación de las series ya establecidas. Lo que a primera vista parece paradójico, es prueba, tras una segunda reflexión, de que los «guardianes de los genes Porsche», como los denomina August Achleitner, obviamente tienen cierta habilidad para fortalecer el núcleo de su marca mientras renuevan constantemente su sustancia y sus características. Un nuevo ejemplo de esto es el Taycan.

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«Tenemos un equipo muy especial en Porsche, que a su vez es uno de los mayores fans de nuestros vehículos. Saben exactamente qué es lo correcto y lo que supone un avance».

Stefan Weckbach

Si creemos a Stefan Weckbach, la última incorporación a la familia Porsche no es una ruptura radical ni un nuevo comienzo. El primer Porsche completamente eléctrico es, más bien, simplemente «el siguiente paso lógico», no solo otro vehículo electrificado de calidad premium, sino indudablemente un Porsche, aunque sea más digital e incluso más eléctrico que cualquier otro Porsche anterior.

Ya hay en el mercado automóviles eléctricos que al principio ofrecen una aceleración impresionante, para después, sin embargo, sucumbir a las limitaciones de sus prestaciones, dice Weckbach. «Eso no sería suficiente para nosotros. Un Porsche debe ofrecer prestaciones reproducibles, es decir: debe ofrecen la máxima potencia, a un nivel constante».

Weckbach cuenta cómo sus colegas desarrolladores aprietan, bajo una gran presión, muchos tornillos algunos supuestamente pequeños, algunos más grandes y, sobre todo, decisivos, para alcanzar este objetivo con la precisión acostumbrada. En el sistema de refrigeración inteligente, por ejemplo, en los elementos de la innovadora tecnología de 800 voltios y muchas otras cosas, con lo que incorporan al Taycan la máxima potencia, una gran autonomía, ciclos de carga cortos y el dinamismo de conducción característico de Porsche. La pretensión de no detenerse nunca y no estar nunca satisfecho con lo que se ha logrado, sino de liderar el campo con logros extraordinarios, incluso si esto a menudo requiere un esfuerzo extraordinario: también eso es característico de Porsche.

La decisión, por ejemplo, de equipar un Porsche con propulsión puramente eléctrica después de 7 décadas de combustión, no provocó la menor resistencia en la casa, dice Achleitner. «Al contrario, prevaleció la actitud de confianza en nosotros mismos: ahora vamos a demostrar que también podemos crear un automóvil deportivo totalmente eléctrico. Algo que hasta ahora no existe, tal como creamos el primer SUV deportivo con el Porsche Cayenne hace unos años».

Además, en opinión de Achleitner, el hecho de centrarse en el modo de propulsión se queda corto, concretamente: en cierto modo, se queda atascado en el vano motor. En Porsche, el sistema de propulsión sería solo una parte del todo. Y para este todo habría otras cosas que serían decisivas.

Y luego, Achleitner cuenta cómo fue la primera vez que se sentó al volante de uno de los primeros prototipos de Taycan. Cómo ajustó el asiento y la columna de dirección, configuró el tablero digital y sintió la «ergonomía básica» del vehículo. Cómo cerró los ojos y pensó: «¡Encaja! Es un verdadero Porsche».

¿Pero qué es realmente un verdadero Porsche? ¿Qué puede, qué está permitido, qué debe cambiar evolutivamente? ¿Qué características de la marca son inmutables?

La flyline deportiva, los laterales sobresalientes, el contorno de las ventanillas, la luz diurna de 4 puntos o la cabeza estrecha sobre los anchos hombros, esta es la base sobre la que se reconoce un Porsche ya a distancia, incluso antes de que se pueda percibir el sonido de su motor. Para Stefan Weckbach, hay además otros parámetros que también son importantes para Porsche: dinamismo de conducción, emoción, calidad y prestaciones, por ejemplo. «Lo que distingue a un Porsche pura raza es el hecho de que siempre involucra activamente a su conductor», agrega Achleitner. «Y esta filosofía está tan presente en el Taycan como en el 911. El tiempo de adaptación al pasar de un vehículo al otro es de un par de minutos. En el peor de los casos».

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Visto así, ambos modelos Porsche circulan casi sobre la misma línea ideal con la que avanza la marca. Cada uno de ellos representa una personalidad independiente e inconfundible. Y, sin embargo, son claramente similares en muchos aspectos esenciales.

En eso se parecen los dos directores de las series que ahora retornan lentamente hacia la salida de la nave. Sorprendentemente, ambos hombres tienen mucho en común, aunque pertenecen a generaciones diferentes. Ambos viajan en su tiempo libre tanto y tan lejos como sea posible sobre dos ruedas: Achleitner, a veces, también sobre ruedas motorizadas, Weckbach siempre sobre el sillín de su bicicleta de montaña. Ambos trabajan en el centro de desarrollo de Weissach en la misma planta y se intercambian cuando es necesario, rápido y con solo darse una voz.

Weckbach cuenta que, tan pronto como comenzó a trabajar en Porsche, se apresuró a solicitar un 997 Carrera S como vehículo en leasing. Como cuando tuvo que devolver el automóvil con gran pesar, su padre lo compró. «Lo bonito es que el coche está ahora en su garaje».

La iniciación de Achleitner en Porsche se remonta aún más atrás, a su juventud. En aquel entonces, el programa Blickpunkt Sport de la televisión de Baviera acompañó al piloto de carreras Walter Röhrl en su preparación para la carrera 24 horas de Le Mans. «Concretamente en la pista de pruebas de Porsche en Weissach», recuerda Achleitner. Las imágenes del dinámico coche y su conductor no le abandonarían nunca más. Lo que finalmente llevó a que él, hijo de un jefe de departamento de BMW, emprendiese su camino hacia Stuttgart y hacia Porsche en la década de 1980, siendo un joven ingeniero de automoción.

Como desarrollador, luego fue testigo de cómo la familia de productos Porsche evolucionó de una manera que muchos nunca habrían creído posible. Como, por ejemplo, un SUV, un Gran Turismo y un SUV compacto completaron esta familia y ampliaron la comunidad de fans. Cómo la marca hizo carrera no a pesar de su versatilidad sino gracias a ella.

Durante todo este tiempo, el corazón de Achleitner siempre estuvo en el 911, «en realidad, un automóvil poco sensato, y, sin embargo, enormemente adecuado para el uso diario», tal como él lo describe. Por eso, en su garaje siempre hubo aparcado un 911. Cuando los dos hombres finalmente salen de la nave y se dirigen a sus vehículos, agrega: «Pero en el futuro, también me veo con un Taycan».

August Achleitner se hizo cargo de la serie 911 en 2001. El nuevo 911 es para él el tercero y el último, pues este austríaco de nacimiento se despide a finales de 2019 para disfrutar de su jubilación.

Stefan Weckbach se pasó en 2008 de una consultora a Porsche. Desde noviembre de 2014, este licenciado en administración de empresas dirige la serie Taycan.

Harald Willenbrock como autor de la revista de negocios brand eins, describe con frecuencia a las compañías que deben presionar el botón de reinicio a toda velocidad.

Este artículo se publicó por primera vez en Newsroom, el 15/03/2019.