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Herbert von Karajan

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Herbert von Karajan. 1908–1989. Director de orquesta, amante del arte, perfeccionista y conductor entusiasta de Porsche. Karajan dirigió las orquestas más importantes del mundo, pero siempre sintió debilidad por los automóviles y la técnica. Su trabajo de final de bachillerato en Salzburgo lo escribió en 1926 sobre «Termodinámica y motores de explosión», y a continuación estudió construcción de maquinaria durante tres semestres.

Vuelve uno de los Porsche más conocidos, el 911 Turbo RS del director de orquesta más famoso del siglo XX, Herbert von Karajan. Desaparecido durante mucho tiempo, el deportivo de Karajan se expone ahora frente a su sala de conciertos predilecta en Salzburgo – su imponente presencia se mantiene viva.

Por primera vez desde hace 40 años regresa al aparcamiento del hotel Friesacher, en la localidad austriaca de Anif, acomodándose en el mismo lugar en el que Herbert von Karajan solía estacionarlo antaño cuando, en el camino de vuelta a casa tras los ensayos, se detenía en su local favorito para regalarse una ración de terrina de ternera. La llegada del Porsche 911 Turbo 3.0 (modelo 930) entregado en 1975 es esperada por Wilfried Strehle, durante 18 años viola solista bajo la dirección de Karajan, que con la Filarmónica estuvo presente en los escenarios del mundo desde Berlín hasta Tokio. Y también en Salzburgo, la patria de Karajan, donde hace 50 años este diera vida al Festival de Pascua. Ahora Strehle acaricia las letras de metal de la parte trasera: «von Karajan». Por si acaso, como si hubiera un segundo vehículo de la misma clase. Pero este Porsche es una pieza única, inconfundible. «Para mí es un momento muy emocionante», dice Strehle, también un gran nombre de la escena musical. Con su elegancia –chaqueta tradicional de terciopelo rojo con un pañuelo de bolsillo a juego y el gris cabello cuidadosamente peinado– recuerda un poco a su antiguo director.

A Strehle nunca se le hubiera ocurrido que iba a ver de nuevo el Turbo. Y menos en este lugar, con el que tienen una relación tan estrecha tanto el Porsche como él. El sonido del bóxer resuena con el último golpe de gas, un poderoso crescendo que invade los rincones del edificio. Un sonido que atrae a numerosos huéspedes del hotel que han acudido a Salzburgo con motivo del susodicho Festival de Pascua. Rodean al Porsche. Alguno parece conocer su historia. ¿Será Karajan quien abrirá la puerta del conductor para ser recibido por las miradas de los curiosos y por la tormenta de flashes de los fotógrafos? Casi.

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El paso de la Valquiria: el Porsche en los colores de Martini Racing fue una fabricación especial para Herbert von Karajan en la que cada detalle responde a sus deseos.

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Wilfried Strehle: el viola fue uno de los músicos más valorados por Karajan durante 18 años. Nacido en Suabia, fue miembro de la Filarmónica de Berlín de 1971 a 2013.

A Herbert von Karajan le rodeaba siempre un hálito sobrenatural. Un hombre de pequeña estatura con el aura de un gigante que mientras dirigía, para concentrarse, cerraba sus intensos ojos azules porque conocía de memoria todas las partituras de su inmenso repertorio. Fue músico, director artístico, productor, director, constructor y un visionario del marketing. Un hombre del Renacimiento, un genio admirado pero también temido. Estaba pendiente de todos y cada uno de los detalles con una energía inagotable, lo que en ocasiones daba lugar a extrañas puestas en escena de su orquesta. Strehle recuerda grabaciones cinematográficas con la Filarmónica de Berlín en las que se ponía la música en playback para que los músicos pudieran concentrarse en mantener los instrumentos y los arcos perfectamente paralelos. Son legendarias las numerosas repeticiones de las grabaciones hasta que el jefe estaba satisfecho con el resultado.

Un catálogo de deseos especiales

El maestro de los Nibelungos elegía la configuración de sus vehículos con la misma autoridad meticulosa con la que hacía realidad sus fantasías musicales. Cuando en 1974 encargó una remodelación de su nuevo modelo 930 en el departamento de requerimientos especiales de Porsche, manifestó abiertamente que deseaba una variante más ligera y aún más deportiva del vehículo original de serie. El nueveonce debía pesar menos de 1.000 kilos, la potencia específica situarse claramente por debajo de los cuatro kilos por CV. Con 260 CV y un peso de 1.140 kilos, en el modelo de serie la modificación era todo menos fácil. Fue Ernst Fuhrmann, en aquel entonces Presidente de Porsche, quien se ocupó de que se hicieran realidad los deseos de su famoso cliente. El Turbo de Karajan recibió el chasis de carreras del RSR y la carrocería del Carrera RS, un tren de rodaje de competición y arcos de seguridad. El interior era completamente austero: en lugar de un banco trasero incluía la estructura de acero de la jaula antivuelcos, y en lugar de sinfonías de radio reproducía las armonías del bóxer de seis cilindros, que con un turbocompresor aumentado y un árbol de levas más ajustado movilizaba unos 100 CV más. La construcción ligera fue llevada a tales extremos que los tiradores de las puertas se sustituyeron por finas tiras de cuero que desbloqueaban las cerraduras de un tirón. Para la pintura con los colores de Martini Racing, los del 911 Carrera RSR Turbo 2.1 que quedó segundo en las 24 Horas de Le Mans de 1974, Porsche pidió permiso al productor de vermut Rossi.

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Patria: el macizo montañoso se levanta majestuosamente tras la que fuera residencia de Karajan y la carretera en la que se realizó la famosa portada del LP.

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Un gran nombre: un claro indicio sobre el propietario de este ejemplar único de Porsche.

Karajan, un precursor toda la vida, grabó tantos discos con la Filarmónica de Berlín que en los años setenta comenzó a soñar sin ningún ápice de modestia en la inmortalidad de su obra. «Para él siempre había una dirección única: adelante», recuerda Strehle. «No descansaba nunca, nunca dejó de aprender y evolucionar también en los negocios, y con él también lo hacíamos nosotros». Esta marcada ambición por avanzar encontró su expresión, como es sabido, no solo en los escenarios sino también en el tiempo libre. Sentía debilidad por la marca de Zuffenhausen. A lo largo de los años condujo un Porsche 356 Speedster, un 550 A Spyder, dos 959 y varios 911. «Año tras año admirábamos fascinados como niños el nuevo modelo. Karajan era un personaje ejemplar en todo, y naturalmente nos orientábamos por él», cuenta el músico. El vínculo del suabo con el maestro se extendió también a su amor por Porsche. Un año después de su entrada en la Filarmónica de Berlín adquirió su primer 911.

Strehle se acomoda en uno de los estrechos asientos de cuero, que dan fe de la figura y los 173 cm de Karajan. Arranca el motor con cuidado y escucha reverentemente. Detrás, el turbo carraspea primero para a continuación entonar, con un potente barítono, un vibrato que nos recorre toda la columna vertebral. Strehle conduce poco a poco el Porsche por el pueblo para emprender la ruta hacia el majestuoso paisaje de la comarca de Berchtesgaden. Detiene el deportivo frente a un prado cubierto de flores. Por esta carretera, que hoy lleva el nombre de Herbert von Karajan, en los años setenta se tomó la famosa fotografía que más tarde decoraría la portada del disco Famous Overtures. Strehle señala una casa solitaria con una chimenea blanca, propiedad de Karajan. El Turbo permanece silencioso, reina un silencio casi devocional. La imagen del Porsche frente a su antiguo hogar, cuando pronto se cumplirán 30 años del fallecimiento de su famoso propietario, invita a hacer una pausa.

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Salto al pasado: el Porsche exclusivo de Karajan frente a la Gran Sala de Conciertos de Salzburgo, que fue construida siguiendo sus deseos.

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Portada Porsche: hasta la fecha se han vendido más de 250 millones de grabaciones de Karajan.

Como para consolarlo, Strehle dirige el deportivo allá donde se movía a sus anchas: las carreteras de montaña de los Alpes. La ruta panorámica que conduce a la estación de Rossfeld era el trayecto favorito de Karajan. El disciplinado maestro solía levantarse a las seis para estudiar las partituras y hacer yoga, pero algunas veces también para subir a las montañas con los primeros rayos de sol. En los casi 16 kilómetros panorámicos de la carretera circular llega el momento de poner el Porsche de Karajan al máximo de revoluciones. Strehle baja una velocidad y hace subir las revoluciones. Del motor explota un infierno como cuando Wotan sale de las nubes. Solo nos falta sacar la lanza de la Valquiria por la ventana con gritos de guerra y conquistar la montaña sobre los 360 caballos. En cambio, parece ser que Karajan no forzó demasiado el Turbo – cuando lo vendió en 1980 el contador marcaba únicamente 3.000 kilómetros. Pero los pocos años que estuvo en su posesión fueron suficientes para otorgar al legendario Porsche su valor actual estimado en más de tres millones de euros. Desde 2004 el automóvil es propiedad de su sexto dueño, que integró la valiosa joya en su colección secreta en Suiza. Nunca lo ha conducido hasta hoy.

Impulsor inolvidable

¿Qué ha quedado de Herbert von Karajan, el hombre que marcó la sensibilidad musical de toda una generación de músicos y amantes de la música? Wilfried Strehle escucha a veces antiguas grabaciones, por ejemplo la adaptación de 1972 de La Bohème de Puccini: «Sigue percibiéndose esa increíble pasión, esa fuerza motora que quizás –en un sentido figurado– explica su fascinación por Porsche». Budista convencido, Karajan no creía en la muerte. Quizás sea verdad que partes de nuestro espíritu se mantienen vivas en los objetos y las personas que nos han acompañado en la vida. Y quizás no sea casualidad que casi 40 años después el Turbo haya vuelto a encontrar el camino a Anif. Siempre insistente, siempre hacia adelante. Siempre con una imponente presencia.

Texto Lena Siep
Fotografía Patrick Gosling, Siegfried Lauterwasser/Karajan-Archiv